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Viacom International Studios adaptará “Entre mi hijo y yo, La Luna”

Se trata del diario que escribió Carlos Páez Vilaró cuyo hijo se perdió en la cordillera de Los Andes luego de que aconteciera la tragedia aérea del año 1972. Sergio Olguín, Ezequiel Sagasti y un equipo de talentos estarán a cargos de los guiones de la serie dramática.

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“Entre mi hijo y yo, la luna”

Viacom International Studios (VIS) – Americas adquirió de los derechos del libro “Entre mi hijo y yo, la luna” de Carlos Páez Vilaró, el diario que cuenta búsqueda de un padre por encontrar a su hijo perdido en las montañas, con la firme convicción de que estaba vivo. Producida por VIS – Americas, la nueva serie dramática será escrita por Sergio Olguín, Ezequiel Sagasti y un equipo de talentos.

“Es una historia llena de superación, suspenso, intriga y sobre todo, locura. Carlos se animó a demostrarle al mundo, contra todos los pronósticos, la fuerza de la intuición: Carlos sabía que su hijo estaba vivo, decía que ‘podía sentir sus ojos apoyados en la luna’, comentó Mercedes Reincke, VP de desarrollo de contenido del VIS. “La historia de este accidente que sigue conmoviendo al mundo vuelve a ser relevante desde un costado inexplorado, con un personaje masculino así de sensible, con instituto maternal, nos interesa especialmente en este momento de tantos personajes femeninos fuertes”.

LA TRAGEDIA DE LOS ANDES

Carlos Páez Vilaró comienza a escribir este diario luego de emprender una aventura de más de 72 días para encontrar a su hijo, quien fuera parte del trágico accidente que conmocionó al mundo en el año 1972: el avión que trasladaba a un equipo de rugby uruguayo a Chile se estrelló en el corazón de la cordillera de Los Andes. Ante la desesperación por la falta de información sobre el paradero del avión, Carlos decide iniciar el viaje que lo llevará al milagro de encontrar a su hijo con vida.

Apenas le informaron que el avión había desaparecido en Los Andes, Carlos se mudó a Chile y en la habitación de un hotel armó su “bunker”. Adivinos, astrólogos, amigos, ex mujeres, Jesús, Picasso, artistas cercanos, y un ejército de hombres y mujeres lo acompañaron en este proceso que parecía una locura, ya que era imposible que su hijo estuviera vivo.

Esta búsqueda no contó con teléfonos celulares, ni radares, ni mapas virtuales: los únicos mensajes que Carlos quería escuchar eran los del rabdomante holandés que, vía télex, le contaba lo que veía: “Veo una montaña azul, veo sobrevivientes, apúrense…”.

Carlos buscaba incansablemente “a su cabro” -como le decían los chilenos- mientras para la sociedad era el “loco” que infundía falsas esperanzas a los demás padres que comenzaban a hacer el duelo por sus hijos.

En este libro se plasman la versatilidad y la interesante forma de vivir del talentoso artista uruguayo, mientras pone en relieve las realidades humanas que atraviesan el mundo. Carlos era un hombre libre en todo sentido, enamorado del presente, con mucha sensibilidad por las pequeñas cosas, agradecido por todo, pero sobre todo al sol; vital, rebelde y omnipotente.

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